CONSUELOS


Esos ecos de violines:
dulce consuelo
para quien sintiéndote en su ser,
ya no te ve ...

Cómo al pasar por tu vera
tu mirada me cubre de genio!
Cómo al evocar tu ternura
dos cristales se visten con tu ropa!

Cómo el nácar de tu piel
juguetea con tu sombra!
Y cómo tu sonrisa hermosa
se clava en una flor!

Cómo en la calmada tarde
un clarinete anuncia tu presencia!
Hasta las mieses de mi huerta
se han dado cuenta de tu ser!

Tú adelantas tus pasos cadenciosos
y no obstante, no te veo,
te llenas del rocío encantado
y apareces cual ondina rezagada.

En medio del sosiego,
el fresco hálito de tu juventud
no conoce calma...
antes bien, se colma de ímpetus
que subliman lo perenne,
lo real, lo verdadero.

Es la dicha alegre
de la alborada de tus años,
aquella que enamora
con sólo hablar de juventud,
con apenas caminar
con tu vigor y lozanía ...

Y yo, cansado pero embelesado,
despertando de visión tan peregrina,
tan sólo alcanzo a proferir:
¡Oh, estos ecos celestiales:
consuelo para quien llevándote en su ser,
más nunca te verá!

® Gustavo Bonelli Vásquez
(Todos los Derechos Reservados)

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