El caballero y la pasión


Miel oscura
mirada diáfana
de ella;
la antesala
tejía la evidencia
de su ser...
Restañaba heridas
su estandarte florido
en fogosa cabalgata
y encontraba el arroyo
donde escondido,
yacía perturbado caballero.

Hojas de parra cubrían
sus cansadas sienes
y brillaban sus pupilas.
Su rictus no variaba,
se amoldaba
a mis ojos desvariados;
y así encontró la tarde
la sutil evidencia
de una Venus
convertida en hembra.

Resistía la arremetida de lo bello.
Era yo, luchando en desventaja,
batallando contra lo evidente,
frente a lo sublime convertido en carne.

Mas, superior fue el deseo
fuerte la sed de dicha,
y abrazados, al fin,
en asaz torbellino de pasión divina
rienda suelta dimos
al efímero goce de lo Eterno.

Hincado en penitencia,
hoy que rezo por mi alma,
perturbado ante un altar,
comprendo que la dicha
se ha de guardar cual fue:
-negación de lo evidente-
dulce canto que te quema en vida.

Se ha de callar  y mentir a tu alma bella...
para no dañarla con atroz lamento
de quien se sabe ruin ante el amigo:

¡Para ahogarla si es preciso con mortaja,
mas no con el abyecto manto del cobarde!

Gustavo Bonelli Vásquez
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